Javier Torres Márquez
Neurocirujano Clínica Anglo Americana
En 1950 Fernando Cabieses regresa al Perú después de 4 años de entrenamiento en Neurocirugía en El University Hospital y el Graduate Hospital de la Universidad de Pennsylvania en hiladelphia,EEUU,en losServicios de los Profesores Francis C. Grant y Robert A. Groff. Poseedor de una excelente formación y una capacidad de trabajo impresionante, trae también el concepto de Residentado Médico, tal cual se practica en USA y que choca con el sistema de formación jerárquico que existía a la fecha, que significaba adherirse a un Servicio y durante largos años ir aprendiendo en forma muy progresiva los fundamentos de la especialidad. El sistema de residentado es un entrenamiento intensivo por tres años y luego su salida a la actividad individual pero sin necesaria dependencia del centro que los formó. En el INEN desarrolla éste sistema junto con Eduardo Cáceres que lo impone con éxito para la Oncologia. Los especialistas así formados constituyen un circulo alrededor de Cabieses y tratan de mantener activa su vinculación y la mejor forma de hacerla es reunirse semanalmente para exponer sus casos, dudas, éxitos, en una manera muy franca y cordial dada la amistad que muchos de ellos comparten ya con Cabieses. Raúl Jerí, Rodolfo Landa. Ernesto Bancalari, Carlos Saldías, Manuel Pizarro, Eduardo Eidelberg, Alfredo Morisaki, Guillermo dela Puente, son algunos de los primeros colaboradores de Cabieses a los cuales muy pronto se le uniría Humberto Hinojosa, quien continúa hasta ahora como su más estrecho colaborador. ¿Pero que hacía de Cabieses el líder de éste creciente grupo de especialistas?. Sin ninguna duda su magnífico entrenamiento en las Ciencias Neurológicas que se remontaba a la época de estudiante y luego su entrenamiento en el Graduate Hospital de la Universidad de Pennsilvania, EEUU, fundado por Charles Frazier y en ese entonces liderado por Francis C. Grant, excelente neurocirujano que ponía gran énfasis en el cuidado postoperatorio y quien desarrollaba el entrenamiento de los residentes mediante seminarios en los que él mismo enseñaba estableciendo estrecha relación con los estudiantes. Es seguro que de allí trajo Cabieses su facilidad en la enseñanza y el tipo de reuniones con activa participación de todos los presentes.
Por otro lado su casi enciclopédico saber que le hacían agotar complejos temas como su libro, publicado
en 1956, “El tronco cerebral en las lesiones expansivas supratentoriales” donde estudia una casuística de 700 pacientes y revisa prolijamente la anatomía, fisiología y fisiopatología del tronco cerebral, citando 531 referencias bibliograficas y a pesar de señalar en el prólogo que “un lector acucioso ha de encontrar sólo algunos conceptos nuevos en éste trabajo”, permítanme recomendar la lectura del capitulo sobre conciencia que aún hoy es de actualidad y de una claridad excepcionales.0 su ponencia al VIII Congreso Latinoamericano de Neurocirugía en Santiago de Chile en 1959 sobre “Cirugía y tumores del nervio óptico y quiasma “ donde pide benevolencia porque “el tema aún recortando lo superfluo es extremadamente difícil de tratar en el corto espacio concedido”y agrega que “ Una bibliografía incompleta de 350 referencias de los últimos 10 años no pretende ser exhaustiva y solo corresponde a los trabajos citados en el texto”. Diez años después en Chile encontré neurocirujanos que aún recordaban la brillante exposición. Ejemplos de éste saber lo vemos en otros campos, como su definitivo libro “Dioses y Enfermedades“ donde pone en su real contexto a la Medicina Peruana Precolombina señalando “ No es presentado como un documento polémico... pero no hemos podido evitar algún comentario respecto a diversas opiniones carentes de base objetiva que se han puesto de moda entre algunos panegiristas de nuestro pasado” y agrega “podríamos, por otro lado, compararla con nuestra Medicina moderna, un enfoque que no deja de tener tentaciones en las cuales han caído, a sabiendas o inconscientemente, muchos de quienes nos han precedido “. O en su novela histórica “ Los Dioses vinieron del mar” donde todos los personajes, y son cientos, existieron, “No he inventado ningún nombre y, según los cronistas consultados, todos hicieron a grandes rasgos lo que hemos relatado” Pero comprendiendo que el sistema nervioso no es un ente independiente del resto del organismo, hacía numerosas publicaciones con otros especialistas como Garrido Lecca sobre los efectos sobre el aparato
digestivo de las lesiones intra craneanas o con Manuel Ramírez sobre los trastornos hidroelectrolíticos en los pacientes neuroquirurgicos. Recordemos que en ese entonces no existían los
intensivistas y que el neurocirujano debía conocer bien los mecanismos homeostáticos y manejar adecuadamente los líquidos y electrolitos más aún en una época en que el uso de la urea, el manitol o la glicerina eran el pan de cada día. En eso también Cabieses era un maestro y ni que decir de la fisiología pulmonar que teníamos que manejar en una etapa de incipiente uso de ventiladores. Todos estos conocimientos Cabieses los volcaba en Manuales para los residentes en una manera clara y elegante que ya mostraban el escritor de polendas que llegaría a ser. Perdonen que el relator se introduzca en ésta historia pero para lo que sigue es necesario que hable de lo que conocí de él y con él. La primera vez que oí a Cabieses fue en 1970,en un Congreso de la Sociedad de Psiquíatra, Neurología y Neurocirugía, hablaba sobre “Integración Neurológica, Conciencia y Demencia” y quedé fascinado por la elegancia de la presentación, por la sencillez que trataba y hacía comprender temas tan complejos de por sí, señalando que “la verdadera dimensión de la conciencia sólo puede vislumbrase cuando se le considera como la relación más útil entre las múltiples actividades del sistema nervioso central”. Cabieses me invitó a trabajar con él en su Servicio del 2 de Mayo y luego en el Hospital Central de Aeronáutica. Allí empezó una colaboración que se extendió por varios años y una amistad que perdura hasta la fecha. Conocí pues al Cabieses cirujano y los que aquí lo hayan visto operar no pueden olvidar la sencillez de su técnica, la limpieza de su disección que traducía un conocimiento anatómico acabado. Aún hoy, y con todos los adelantos tecnológicos, la cirugía de los aneurismas cerebrales es una de las más difíciles y demandantes, imaginen treinta años atrás lo que significaba, pero verlo isecar un aneurisma con solo la ayuda de las lupas que recién se comenzaban a usar era un deleite a la vista. Su técnica de hipofisectomía a través de una trefina frontal no solo era de una rapidez sorprendente sino de un manejo cuidadoso del cerebro que garantizaba postoperatorios poco tormentosos. Verlo operar con apenas una mesa de Mayo y con el instrumental más reducido imaginable, el “instrumental de Sears”, que, por supuesto, no es ningún neurocirujano sino la tienda donde los compraba y luego en su casa acomodaba a sus necesidades. Conocí su extraordinaria capacidad de trabajo, que empezaba con la visita a sus pacientes privados a las seis de la mañana, luego continuaba en la FAP o en el 2 de Mayo y si no había operaciones seguía en el Museo de Ciencias de la Salud que dirigía pues ya entonces era reconocido como un experto en Medicina pre-colombina. Conocí su espléndida biblioteca que en un arranque de generosidad donó al Hospital de la FAP, el cual no supo hacer honor al enorme legado que
recibía. Conocí su paciencia en el quirófano cuando las cosas no andaban para finalmente encontrar una maniobra que nos sacase del atolladero. Pero también sabía sacar provecho de los malos esultados como se ve en su publicación “Fatal brain stem shift after an hemispherectomy” donde describe lo que hoy llamaríamos una hernia ascendente.
Conocí sus magnificas relaciones con neurocirujanos estadounidenses como Joseph Evans y William
Scoville, sus estrechos amigos y años después en Canadá supe del respeto y consideración que le tenían a “Cabby”, como lo llamaban, gente de la talla de Charles Drake. La dedicación de Cabieses a la enseñanza se había materializado durante el periodo que dirigió el Fondo de Fomento Educativo, magnifico intento para democratizar la educación y permitir el acceso a educación superior a alumnos brillantes pero de pocos recursos económicos. Y se materializó también en el Proyecto
Hope que fue un ventarrón renovador que trajo la moderna medicina americana que ya entonces daba
muestras de su predominio mundial. Este era el líder, estaba el grupo, faltaba la Sociedad.
La actividad académica de la Neurología se desarrollo en el Perú, desde 1939, en la Sociedad Peruana de Psiquiatría y Neurología, que en ese año fundaran Honorio Delgado y Oscar Trelles. Con la llegada de E.D.Rocca a fines de los 40 y sin duda gracias a su esfuerzo consigue que la Neurocirugía sea considerada una especialidad integrante de la Sociedad que entonces pasa a llamarse Sociedad Peruana de Psiquiatría, Neurología y Neurocirugía. Con una actividad continua e interesante y ayudada por la difusión de ella en la Revista de Neuropsiquiatría que dirigen Delgado y Trelles, durante largos años es el Foro en el que se exponían los estudios que realizaban los neurocirujanos del país. Sin embargo su estructura múltiple que al inicio fue una ventaja, comienza a ser incapaz de otorgar todo el espacio que las rápidamente crecientes especialidades demandaban. Así comienzan a crearse otras asociaciones que dan tribuna a sectores, sino marginados, por lo menos no cerca- No a los grupos dominantes.
Nace así la Asociación Psiquiátrica Peruana con un dinamismo importante que pronto empieza a dejar sin audiencia de psiquiatras las sesiones de la Sociedad, especialmente de aquellos con formación psicodinámica. Por otro lado la rotación de las directivas entre las tres especialidades hacia que la posibilidad de acceder a cargos directivos fuese muy lenta e inevitablemente filtrada
por las simpatías de los grupos dominantes. Mucha gente joven que empieza sus actividades a mediados de los 60 siente que sus posibilidades de representatividad son muy limitadas y ecesariamente buscan un foro que les ofrezca una mayor participación. La inauguración de Hospital del
Empleado crea una crisis en la profesión médica de la cual no se libra la Neurocirugía. Donald Morote es el hombre que asume el reto y pronto se revela como una personalidad independiente y a veces conflictiva, pero su indudable capacidad de trabajo, su permanente empeño por aprender, lo lleva a su inevitable independencia y a la lenta creación de otro núcleo de especialistas que si bien mantienen ciertas formas autoritarias del esquema bajo el cual se formaron, su ansia por crearse una identidad propia, los hace frecuentar el grupo de Cabieses que era mucho más amplio de mente. Así este grupo va creciendo lentamente y los nuevos especialistas que se forman en el país o el extranjero, encuentran la personalidad de Cabieses más acordes con los aires de renovación que se vive en el mundo la revolución de Velasco hace que los Hospitales Militares tengan una mejora económica importante y se vislumbre la creación de Institutos especializados en las diferentes especialidades. La FAP recibe el encargo de la Alta especialización en Neurocirugía con mención especial en la cirugía vascular, cirugía de la epilepsia y tumores. La apertura del Hospital Central de Aeronáutica con todas las comodidades y adelantos de la época y bajo la dirección de Cabieses hacen que en esta Institución se centralicen las sesiones semanales que tradicionalmente se llevaban a efecto los días Martes por la noche. El grupo crece, se invita a Neurólogos y otras especialidades que hacen más atractivas las sesiones y con el estilo impuesto por Cabieses bajo el cual nadie es más que el otro, todos comparten sus dudas y conocimientos y todos traen sus casos frescos, tal cual lo están manejando en ese momento, incluso se llega a presentar personalmente a los pacientes los cuales son examinados por varios especialista y al final le dan recomendaciones al Médico tratante. Como no recordar los, a veces, encendidos debates
entre Hinojosa, Morote, Manuel Salazar, Juan Franco, Gonzáles Portillo. En ese Foro escuchamos por
primera vez de los neuro trasmisores, de la levo dopa y el parkinson, nos deleitamos con la fisiología de
cerebro cuando Eduardo Eidelberg venia de visita. Allí empezó a jugar un papel importante como motor de las reuniones el Dr., Humberto Hinojosa, quien 30 años después sigue siendo animador entusiasta de toda la actividad de la Sociedad.
Por ese entonces la World Federation of Neurosurgical Societies de reciente formación, exige que cada país miembro solo tenga una Sociedad representativa y si bien en el Perú todavía era vigente la triple sociedad, la necesidad de tener personalidad propia era cada vez más creciente y la idea de formar una sociedad solo de neurocirugía se hace mas fuerte El año de 1979 hace crisis el sistema que regia los Congresos Latinoamericanos de Neurocirugía, dominados por un Comité Permanente que no se había renovado durante muchos años y que manejaba autoritariamente la organización de los certámenes e incluso la distribución de temas y los relatores. Una fuerte corriente liderada en el Perú por
Humberto Hinojosa, Armando Baso de Argentina y otros lideres jóvenes de distintos países, consigue finalmente romper la hegemonía del Comité Permanente, precipitar su renuncia y formar la Federación de Sociedades de Neurocirugía.
Esto hace más imperativa la necesidad de contar con una Sociedad de Neurocirugía, y si ya teníamos el grupo, teníamos las sesiones, solo faltaba darle forma legal y así el 8 de Enero de 1980 se funda la Sociedad de Neurocirugía y se elige su primer Presidente, el líder nato de todo este grupo, el Dr. Fernando Cabieses.